domingo, 21 de enero de 2018

Navidad oportunidad



Si hay algo que me está enseñando mi maternidad es el retorno al Hogar. Hace unos años, una verdadera astróloga me dijo que para mi el Hogar era muy importante, en la carta natal aparecían en la casa 4 (la casa del Hogar) muchos planetas. Yo no entendí nada y es ahora cuando voy, poco a poco, desvelando aquel secreto.
Ahora, que ser madre me ha hecho aterrizar y crear Hogar y cimientos y raíces. No tiene que ver con cocinar y limpiar, aunque también, no tiene que ver con mantener el orden, aunque también se refleja la interioridad en la disposición de los objetos, la limpieza, la armonía, la belleza en los rincones, la sutileza del aroma a lavanda. El Hogar es esto y mucho más. El Hogar es todo y nada. Es todo lo que necesito y es nada de lo que imaginaba. Es mi cueva donde viajo y descubro y escucho el silencio. Donde está la quietud que me permite arrancar mi motor. Es el espacio en el que puedo confiar y amar y comprender.
Está el Hogar en mi silla blanca desde la que observo jugar maravillas a mi hija. Está el Hogar en el árbol de Navidad que hace con su padre mientras yo paseo. Está el Hogar en una tarde en casa de Abu, con un baño largo y divertido haciéndonos a todos sonreír y recuperar algo de infancia. El Hogar está en todo ello y en nada está. Nada es y lo es todo.

El Hogar en la convivencia, en la confianza y alivio que te da haber encontrado un espacio interior. No sé me ocurre nada mejor para transmitir a mi hija que esa confianza en tu Hogar interno a través del cual se va desplegando la Vida. Eso, que es lo mismo que amar a Dios por encima de todas las cosas. Ojalá encontremos la sabiduría necesaria.

Empecé a escribir esta entrada en Navidad, un tiempo que cada vez me gusta más, quizá porque invita al fuego del Hogar, al asombro,  a la hermandad, al recogimiento.  Y hoy sale a la luz, acompañada de alguna comprensión profunda sobre mi propia maternidad. Ahora que ha quedado atrás el cansancio extremo, que mi cuerpo se ha recompuesto y nuestra relación de pareja se ha fortalecido. Mi experiencia es que alrededor de los dos años cambian muchas cosas (en realidad siempre están cambiando) es como si comenzáramos a despegarnos para poder, siguiendo juntas, mirarnos de otra manera, como diferentes seres. Ella ya no es yo ( nunca lo fue pero durante un tiempo es necesaria esa "ilusión") se da cuenta y esto es una transformación del ser humano que hay que acompañar con amor, paciencia y mucha sabiduría. Y más paciencia y más amor. También para mi es difícil esta separación,  las despedidas de tantas cosas que tanto nos han alimentado a ambas. Decimos adiós para poder recibir lo nuevo que llega.

Y termino de escribir mientras escucho de fondo los chapoteos y conversaciones con su padre. Soy afortunada, a veces se me quita la venda y dejan que me asome a la Belleza y Maravilla que es mi hija, un ser humano en crecimiento, un alma pura. La vida pulsando. El latido de la vida.

Natalia
*la que cuida*


martes, 17 de octubre de 2017

Ama en tu casa...


...Y lo demás vendrá por añadidura






"Si quieres cambiar el mundo, vete a casa y ama a tu familia"
-Madre Teresa de Calcuta


Ser madre te da una oportunidad preciosa para amar. Una experiencia como pocas para abrir tu corazón, un camino corto y fácil hacia el amor.

Ser madre también puede colocarte en la cuerda floja, poner delante tus fantasmas, revolucionar tu relación de pareja, requerir de ti algo que no siempre puedes o estas dispuesta a dar.

Cuando las madres hablamos, algo se alivia, hay nudos que se disuelven, corazones que se unen, tejidos que suman y crecen. 






Natalia Navarro *lqc*






sábado, 29 de julio de 2017

MADRE ARTESANA-MADRE AMOR


MADRE ARTESANA-MADRE AMOR

La imagen puede contener: 1 persona, sonriendo, niños, planta, calzado y exterior

Veraneo en el mismo sitio que el año pasado. Eso me ayuda a tomar contacto con lo que fue y lo que es ahora. En la vida de un ser humano que acaba de nacer un año es muchísimo tiempo. El primer año es fundamental, también el segundo. En el primero, aún fusionado a su mamá, el bebé va poco a poco despertando. Baila con su madre el baile del no tiempo. Sobre su cuerpo, oliendo y tomando de su teta para sobrevivir. Sostenido a cada instante, su llanto, su incomodidad, su anhelo, es colmado en el cuerpo de la Madre. La Madre está entregada, a su disposición, de alguna forma, su cuerpo no le pertenece a ella y a la vez está más habitado que nunca. Recuerdo las largas horas de teta sin interrumpir (y como ya contamos hasta tres para que deje a la teta y a mamá descansar de vez en cuando).
¿Cómo descanso ahora? Me gusta esta manera nueva de hacerlo. Madura, consciente, hasta el fondo. Descanso sólo cuando puedo y el tiempo que me conceden. Algo puedo elegir, pero poco. Y así he comenzado a saborear unos minutos de ojos cerrados, una ducha de agua templada, un paseo, una hamburguesa con patatas fritas.
Estamos llegando al segundo año. Mi hija habla y canta, no quiere usar pañal, ni que le ayude con cosas que ella puede hacer sola. Si por ella fuera se lanzaba al mar, así, tal cual, con la confianza de alguien que todavía no ha sido contaminado por prejuicios o falsas creencias.
Mi hija me ha regalado tantas cosas. Entre ellas:
Me lleva a la sencillez, a lo imprescindible, a lo verdadero. Gracias a ella soy consciente del paso del tiempo, con su vertiginosa velocidad y a la vez aprecio cada instante como si fuera eterno. Dos años han pasado tan rápido y tan despacio…
Me regala la templanza, el coraje para enfrentarme a fantasmas cansinos que volvían a aparecer con cada resfríado (por suerte han sido tres en toda su vida) o suceso inesperado.
Y el cielo se abre. Su risa me asoma a la maravilla. Su alegría y belleza me conmueven y tocan lugares en mi interior llenos de verdad.
Estar atenta a un ser humano constantemente, minuto a minuto, es un acto de amor. Tan invisible y necesario como el agua para la vida. Estoy ahí (estamos ahí las madres), para que mi hija pueda desarrollarse y crecer como ser humano. Estoy ahí, disponible, cerca, la miro con amor, cuido de ella. Estoy ahí, cuidando también de mi para poder seguir. Estoy ahí, a veces, parece que no estoy. Me escondo para ver qué hace cuando no la miro. Dejo que ella me busque, me nombre, me necesite. Estoy ahí y la amo con todo mi corazón. Y sé que en unos años no seré tan importante para ella como lo soy ahora y eso me produce un hondo dolor físico y a la vez me permite tratar de trascenderlo.  La impermanencia, lo efímero de la Vida, lo esencial. Eso me recuerda ella cuando camina pizpireta mirando al suelo y viendo cosas diminutas, casi imperceptibles.
Cuánto me alegro de haberme podido fusionar, de haber estado todo este tiempo sólo a una cosa. De haber entregado mi vida a otra persona. Sin olvidar que yo también existo. Cuánto me alegro de haber experimentado hasta el fondo el puerperio, los días y las noches mezclados, los despistes, el desentenderme de algunas cosas, trabajar de otra manera, en mi interior, mirando hacia dentro, observando y cultivando la tierra. Porque ahora empiezo a recoger semillas. Las canciones que le he cantado desde siempre, me las empieza a cantar ella, ¡con tanto salero!
Suceden cosas tan maravillosas en estos dos años que doy gracias por haberlas podido presenciar bien de cerca.
Mi hija no es mía y nunca lo fue. Pero a mí me duele el cuerpo reconocer esta verdad.
No es mía y nunca lo será. Trataré, eso sí, de estar siempre para ella. Como ella me necesite, sin interferir en su verdadero camino de Vida, aunque sea opuesto al mío. (Uy, qué difícil, qué reto maternal).
Te amo, hija.

 Natalia Navarro

martes, 9 de mayo de 2017

La maternidad como camino


LA MATERNIDAD COMO CAMINO



Abres una puerta hacia el cosmos. Lo que hay al otro lado es caótico, no tiene forma, nadie te lo ha contado. Escribo hoy desde ese lugar desordenado.

Maternidad como puerta. Maternidad-Eternidad.

¿Para qué sirve ser madre?, ¿ser madre de quién?

Una puerta que se abre hacia lo esencial.

Algo tan de la carne y tan elevado a la vez.

¿Cuándo descansa una madre?

Como camino hacia una misma. ¿Quiénes somos?

Un catarro y varias noches oscuras.

Oportunidad para la ternura, la empatía. Trabajo de paciencia y escucha.

Si la Vida me da la oportunidad de comprender algo, tendrá que ser mientras barro, estoy en el parque o duermo a mi hija. No voy a retiros de meditación y tengo una hora libre al día para hacerlo todo. Pero si se me concede la comprensión, ¿me la voy a perder por estar en este lugar ahora? No puedo ni quiero estar en otro sitio. Miro las hormigas, evito que mi hija se meta de cabeza en una fuente, bailo y canto en familia, casi no me peino, me alimento y visto como los superhéroes.

El caos se apodera de mi, forcejeamos y consigo seguir caminando sin dejar que me atrape por completo. A través de los ojos limpios y puros de mi hija vuelvo a mirar la vida, me purifico.

Tomo el sol mientras ella camina con un palo en la mano nombrándolo todo y así puedo yo volver a llamar a las cosas por su nombre.

Intento cuidarme más para poder cuidarla a ella y a mi Hogar. Y descubro nuevas maneras de hacerlo. La libertad no está en concederme todos los caprichos, sino en descubrir quién soy. No era más libre cuando hacía lo que me daba la gana, dormía a pierna suelta, comía lo que me apetecía y cuando quería y disponía de mi tiempo por completo. Siento que me acerco más a la libertad cuando puedo comprometerme con algo valioso, aunque suponga renunciar a comodidades y placeres momentáneos.

El Hogar se ha alejado unos días. O yo ando enmarañada y no consigo saborearlo. Escribo, aunque caótica, a ver si se despeja el camino que me lleva a mi.

Rezo para tener unos minutos más que me permitan recomponerme, pero he descubierto que el descanso viene de otro lugar. Descanso cuando acepto y me entrego a lo que es ahora. Descanso cuando no planeo y digo que sea lo que dios quiera (como decía mi yaya) con la profundidad que entrañan esas palabras aún pareciendo manidas.

Esto también es el Hogar, me susurran. Ya escucho sus pasitos. Se despertó de la siesta :-)

Natalia Navarro














viernes, 3 de marzo de 2017

Las madres

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No me pasa mucho pero hoy me ha vuelto a suceder: el Hogar ha venido a visitarme. Llega tímido, silencioso, casi entra de puntillas y al principio no me entero de que está aquí. Me doy cuenta cuando de pronto, escucho al pajarillo cantar en el jardín. O tengo una sonrisa dibujada en mi cara. Cuando no me enfado por tener que cocinar otra vez y dejo de quejarme por lo difícil que es criar en una ciudad como Madrid.

Me ha traído una sensación de calma, como si se parara el tiempo y no hubiese planes que hacer (qué descanso para una planificadora como yo)

Cómo me gustan estas visitas inesperadas, que me traen agua de lluvia, viento suave que acaricia y pies en tierra. Cuánto bien me hacen, ojalá se repitan más a menudo para recordar cómo saborear lo real.

Hoy he hecho Hogar con un amigo que me encontré, con mi vecina de casi 100 años, con la mamá del parque y las abuelas que crían a sus nietos cuando las madres no están. Y es que cuando tienes hijos el Hogar es necesario, dentro y fuera de casa. Y me entristece pensar que el afuera está montado de forma que recuerda al anti-hogar. ¿Qué podemos hacer para sentir calor en una ciudad inmensa, con distancias imposibles que nos separan de los amados?,¿Qué puedo hacer yo para que mi hija no se contagie de ese frío y que vea esperanza en los ojos del metro? En esas estamos...viendo lo que falta en el barrio y esperando que se abran puertas. Sin grandes pretensiones (no voy a cambiar el mundo), sin cejar en el empeño (probando en la asociación de mi barrio), empezando por mí.  

El Hogar viene con más fuerza desde que nació Hamida: ¿será que ella me recuerda el hogar primero que mi madre creó para mí, el tiempo que dedicó a cuidarme, el esfuerzo que hizo, las noches sin dormir, los primeros e intensos tiempos de vínculo, calor, piel con piel, abrazo y otoño?.

Para ser madre hay que tener cierta esperanza en un mundo mejor. Hay que confiar en lo sutil, en la maternidad cósmica, la que a todos nos sostiene ("en ella somos y nos movemos") y de la que nos hablaba Mardia en su charla), hay que poder abrirse al Misterio, hay que quitarse de en medio para dejar entrar a la Verdad.

Para criar hay que tener los pies en la tierra y el corazón en el cielo.

Las madres mueven el mundo.


Natalia Navarro García




lunes, 16 de enero de 2017

Parir y morir:reflexiones tras mi formación de doula

Amanda Greavette. Parto.


Parir y morir a lo que una es (o cree ser). Morir para dejar nacer. Morir antes de parir o después. Morir muchas veces. Y entonces sale el sol.

Yo morí, de alguna forma, cuando dejé mi ciudad y a mi familia para emprender el viaje hacia mí misma. Estaba muy ilusionada con esta aventura y a los pocos meses se me cayó el mundo encima. Estuve deprimida bastante tiempo, sin fuerza para la vida. Bendita depresión que me permitió contactar con mis partes más auténticas y profundidades silenciosas pero contundentes. De la mano de una gran terapeuta a la que siempre agradeceré su respeto y confianza. A pesar de que yo tantas veces le reprochaba que no me diese respuestas directas. Ella siempre me devolvía las preguntas y así fui contactando con mi parte sabia. Gracias Maribel.

Hace casi 17 meses se presentó otra vez la muerte. Dándole la mano a la vida que recién nacía. La Natalia hija, de alguna forma deja de ser para abrirse camino la madre que hay en mí y que se ha ido configurando en este tiempo. Mi identidad como madre más allá de mi madre real y de la fantaseada. Más allá de la madre social. En ello seguimos, cada día, como artesanas puliendo un valiosísimo tesoro.

Este fin de semana he tenido el cuarto seminario de mi formación de doula: el posparto. Nos ha guíado con su asombrosa templanza y sabiduría Gabriella Bianco.

¿Qué es el posparto?, ¿hasta cuándo dura?, ¿es lo mismo que el puerperio?

Empezamos el seminario recordando los momentos en nuestra vida en que hemos experimentado una transformación. Si no los ha habido antes, todas coincidimos en que la maternidad es uno de ellos. Con el embarazo nos vamos preparando, lo hace nuestro cuerpo, nuestra mente, el alma; el momento del parto es un punto de inflexión. Claudia dice que es como atravesar un túnel oscuro, la luz se ve a lo lejos, y al cruzar el umbral, ¿con qué te encuentras?

¿Qué hay alrededor de cada transformación?, ¿hay alguien que camina junto a ti? Una doula te acompaña en este viaje. A tu lado, haciendo de espejo o lago en el que reflejarte y por lo tanto verte y conocerte.

El gusano se convierte en mariposa con una sabiduría interna que le lleva a hacer lo que sabe que tiene que hacer. ¿Por qué las mujeres tenemos tantas dificultades para parir?, ¿las tenemos nosotras o es el personal sanitario que nos atiende (todo el sistema que sostiene (¿sostiene?) a la mujer) quien interfiere en el proceso perfecto y milagroso que es parir?

Insiste Gabriella en que las hormonas no pueden ir en contra de nuestros propios intereses. El cuerpo sabe. Y es cierto que a veces puede fallar esta sabiduría pero no somos nosotras las que fallamos. Falla la manera de mirar y entender el cuerpo de la mujer.

¿Qué necesita un bebé cuando nace? Hagamos esta pregunta a l@s niñ@s de nuestro alrededor. ¿Qué necesita una madre cuando nace?
Es urgente abrir la sensibilidad a estos procesos que nos conciernen a todos: la maternidad, la salud de la mujer, de la madre y de los seres humanos que nacen.

Si la Maternidad es Salud, ¿por qué hay tantas maternidades dolorosas?

Solamente tomando conciencia de las necesidades de una madre recién parida y su bebé (estar juntos y amarse) podremos hacer y deshacer para favorecer la vida, para cuidar la vida, para protegerla como algo delicado y hermoso, como el milagro que es.

Gracias a Claudia por el trabajo inmenso que hace con las mujeres.
Y gracias a mis compañeras doulas por el interés real en que las cosas sean mejor y por su amor al ponerse al servicio de las mujeres. Estoy aprendiendo muchísimo de todas nosotras.



Natalia Navarro
*La que cuida*
El precioso logo lo ha hecho MJ