sábado, 29 de julio de 2017

MADRE ARTESANA-MADRE AMOR


MADRE ARTESANA-MADRE AMOR

La imagen puede contener: 1 persona, sonriendo, niños, planta, calzado y exterior

Veraneo en el mismo sitio que el año pasado. Eso me ayuda a tomar contacto con lo que fue y lo que es ahora. En la vida de un ser humano que acaba de nacer un año es muchísimo tiempo. El primer año es fundamental, también el segundo. En el primero, aún fusionado a su mamá, el bebé va poco a poco despertando. Baila con su madre el baile del no tiempo. Sobre su cuerpo, oliendo y tomando de su teta para sobrevivir. Sostenido a cada instante, su llanto, su incomodidad, su anhelo, es colmado en el cuerpo de la Madre. La Madre está entregada, a su disposición, de alguna forma, su cuerpo no le pertenece a ella y a la vez está más habitado que nunca. Recuerdo las largas horas de teta sin interrumpir (y como ya contamos hasta tres para que deje a la teta y a mamá descansar de vez en cuando).
¿Cómo descanso ahora? Me gusta esta manera nueva de hacerlo. Madura, consciente, hasta el fondo. Descanso sólo cuando puedo y el tiempo que me conceden. Algo puedo elegir, pero poco. Y así he comenzado a saborear unos minutos de ojos cerrados, una ducha de agua templada, un paseo, una hamburguesa con patatas fritas.
Estamos llegando al segundo año. Mi hija habla y canta, no quiere usar pañal, ni que le ayude con cosas que ella puede hacer sola. Si por ella fuera se lanzaba al mar, así, tal cual, con la confianza de alguien que todavía no ha sido contaminado por prejuicios o falsas creencias.
Mi hija me ha regalado tantas cosas. Entre ellas:
Me lleva a la sencillez, a lo imprescindible, a lo verdadero. Gracias a ella soy consciente del paso del tiempo, con su vertiginosa velocidad y a la vez aprecio cada instante como si fuera eterno. Dos años han pasado tan rápido y tan despacio…
Me regala la templanza, el coraje para enfrentarme a fantasmas cansinos que volvían a aparecer con cada resfríado (por suerte han sido tres en toda su vida) o suceso inesperado.
Y el cielo se abre. Su risa me asoma a la maravilla. Su alegría y belleza me conmueven y tocan lugares en mi interior llenos de verdad.
Estar atenta a un ser humano constantemente, minuto a minuto, es un acto de amor. Tan invisible y necesario como el agua para la vida. Estoy ahí (estamos ahí las madres), para que mi hija pueda desarrollarse y crecer como ser humano. Estoy ahí, disponible, cerca, la miro con amor, cuido de ella. Estoy ahí, cuidando también de mi para poder seguir. Estoy ahí, a veces, parece que no estoy. Me escondo para ver qué hace cuando no la miro. Dejo que ella me busque, me nombre, me necesite. Estoy ahí y la amo con todo mi corazón. Y sé que en unos años no seré tan importante para ella como lo soy ahora y eso me produce un hondo dolor físico y a la vez me permite tratar de trascenderlo.  La impermanencia, lo efímero de la Vida, lo esencial. Eso me recuerda ella cuando camina pizpireta mirando al suelo y viendo cosas diminutas, casi imperceptibles.
Cuánto me alegro de haberme podido fusionar, de haber estado todo este tiempo sólo a una cosa. De haber entregado mi vida a otra persona. Sin olvidar que yo también existo. Cuánto me alegro de haber experimentado hasta el fondo el puerperio, los días y las noches mezclados, los despistes, el desentenderme de algunas cosas, trabajar de otra manera, en mi interior, mirando hacia dentro, observando y cultivando la tierra. Porque ahora empiezo a recoger semillas. Las canciones que le he cantado desde siempre, me las empieza a cantar ella, ¡con tanto salero!
Suceden cosas tan maravillosas en estos dos años que doy gracias por haberlas podido presenciar bien de cerca.
Mi hija no es mía y nunca lo fue. Pero a mí me duele el cuerpo reconocer esta verdad.
No es mía y nunca lo será. Trataré, eso sí, de estar siempre para ella. Como ella me necesite, sin interferir en su verdadero camino de Vida, aunque sea opuesto al mío. (Uy, qué difícil, qué reto maternal).
Te amo, hija.

 Natalia Navarro

martes, 9 de mayo de 2017

La maternidad como camino


LA MATERNIDAD COMO CAMINO



Abres una puerta hacia el cosmos. Lo que hay al otro lado es caótico, no tiene forma, nadie te lo ha contado. Escribo hoy desde ese lugar desordenado.

Maternidad como puerta. Maternidad-Eternidad.

¿Para qué sirve ser madre?, ¿ser madre de quién?

Una puerta que se abre hacia lo esencial.

Algo tan de la carne y tan elevado a la vez.

¿Cuándo descansa una madre?

Como camino hacia una misma. ¿Quiénes somos?

Un catarro y varias noches oscuras.

Oportunidad para la ternura, la empatía. Trabajo de paciencia y escucha.

Si la Vida me da la oportunidad de comprender algo, tendrá que ser mientras barro, estoy en el parque o duermo a mi hija. No voy a retiros de meditación y tengo una hora libre al día para hacerlo todo. Pero si se me concede la comprensión, ¿me la voy a perder por estar en este lugar ahora? No puedo ni quiero estar en otro sitio. Miro las hormigas, evito que mi hija se meta de cabeza en una fuente, bailo y canto en familia, casi no me peino, me alimento y visto como los superhéroes.

El caos se apodera de mi, forcejeamos y consigo seguir caminando sin dejar que me atrape por completo. A través de los ojos limpios y puros de mi hija vuelvo a mirar la vida, me purifico.

Tomo el sol mientras ella camina con un palo en la mano nombrándolo todo y así puedo yo volver a llamar a las cosas por su nombre.

Intento cuidarme más para poder cuidarla a ella y a mi Hogar. Y descubro nuevas maneras de hacerlo. La libertad no está en concederme todos los caprichos, sino en descubrir quién soy. No era más libre cuando hacía lo que me daba la gana, dormía a pierna suelta, comía lo que me apetecía y cuando quería y disponía de mi tiempo por completo. Siento que me acerco más a la libertad cuando puedo comprometerme con algo valioso, aunque suponga renunciar a comodidades y placeres momentáneos.

El Hogar se ha alejado unos días. O yo ando enmarañada y no consigo saborearlo. Escribo, aunque caótica, a ver si se despeja el camino que me lleva a mi.

Rezo para tener unos minutos más que me permitan recomponerme, pero he descubierto que el descanso viene de otro lugar. Descanso cuando acepto y me entrego a lo que es ahora. Descanso cuando no planeo y digo que sea lo que dios quiera (como decía mi yaya) con la profundidad que entrañan esas palabras aún pareciendo manidas.

Esto también es el Hogar, me susurran. Ya escucho sus pasitos. Se despertó de la siesta :-)

Natalia Navarro














viernes, 3 de marzo de 2017

Las madres

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No me pasa mucho pero hoy me ha vuelto a suceder: el Hogar ha venido a visitarme. Llega tímido, silencioso, casi entra de puntillas y al principio no me entero de que está aquí. Me doy cuenta cuando de pronto, escucho al pajarillo cantar en el jardín. O tengo una sonrisa dibujada en mi cara. Cuando no me enfado por tener que cocinar otra vez y dejo de quejarme por lo difícil que es criar en una ciudad como Madrid.

Me ha traído una sensación de calma, como si se parara el tiempo y no hubiese planes que hacer (qué descanso para una planificadora como yo)

Cómo me gustan estas visitas inesperadas, que me traen agua de lluvia, viento suave que acaricia y pies en tierra. Cuánto bien me hacen, ojalá se repitan más a menudo para recordar cómo saborear lo real.

Hoy he hecho Hogar con un amigo que me encontré, con mi vecina de casi 100 años, con la mamá del parque y las abuelas que crían a sus nietos cuando las madres no están. Y es que cuando tienes hijos el Hogar es necesario, dentro y fuera de casa. Y me entristece pensar que el afuera está montado de forma que recuerda al anti-hogar. ¿Qué podemos hacer para sentir calor en una ciudad inmensa, con distancias imposibles que nos separan de los amados?,¿Qué puedo hacer yo para que mi hija no se contagie de ese frío y que vea esperanza en los ojos del metro? En esas estamos...viendo lo que falta en el barrio y esperando que se abran puertas. Sin grandes pretensiones (no voy a cambiar el mundo), sin cejar en el empeño (probando en la asociación de mi barrio), empezando por mí.  

El Hogar viene con más fuerza desde que nació Hamida: ¿será que ella me recuerda el hogar primero que mi madre creó para mí, el tiempo que dedicó a cuidarme, el esfuerzo que hizo, las noches sin dormir, los primeros e intensos tiempos de vínculo, calor, piel con piel, abrazo y otoño?.

Para ser madre hay que tener cierta esperanza en un mundo mejor. Hay que confiar en lo sutil, en la maternidad cósmica, la que a todos nos sostiene ("en ella somos y nos movemos") y de la que nos hablaba Mardia en su charla), hay que poder abrirse al Misterio, hay que quitarse de en medio para dejar entrar a la Verdad.

Para criar hay que tener los pies en la tierra y el corazón en el cielo.

Las madres mueven el mundo.


Natalia Navarro García




lunes, 16 de enero de 2017

Parir y morir:reflexiones tras mi formación de doula

Amanda Greavette. Parto.


Parir y morir a lo que una es (o cree ser). Morir para dejar nacer. Morir antes de parir o después. Morir muchas veces. Y entonces sale el sol.

Yo morí, de alguna forma, cuando dejé mi ciudad y a mi familia para emprender el viaje hacia mí misma. Estaba muy ilusionada con esta aventura y a los pocos meses se me cayó el mundo encima. Estuve deprimida bastante tiempo, sin fuerza para la vida. Bendita depresión que me permitió contactar con mis partes más auténticas y profundidades silenciosas pero contundentes. De la mano de una gran terapeuta a la que siempre agradeceré su respeto y confianza. A pesar de que yo tantas veces le reprochaba que no me diese respuestas directas. Ella siempre me devolvía las preguntas y así fui contactando con mi parte sabia. Gracias Maribel.

Hace casi 17 meses se presentó otra vez la muerte. Dándole la mano a la vida que recién nacía. La Natalia hija, de alguna forma deja de ser para abrirse camino la madre que hay en mí y que se ha ido configurando en este tiempo. Mi identidad como madre más allá de mi madre real y de la fantaseada. Más allá de la madre social. En ello seguimos, cada día, como artesanas puliendo un valiosísimo tesoro.

Este fin de semana he tenido el cuarto seminario de mi formación de doula: el posparto. Nos ha guíado con su asombrosa templanza y sabiduría Gabriella Bianco.

¿Qué es el posparto?, ¿hasta cuándo dura?, ¿es lo mismo que el puerperio?

Empezamos el seminario recordando los momentos en nuestra vida en que hemos experimentado una transformación. Si no los ha habido antes, todas coincidimos en que la maternidad es uno de ellos. Con el embarazo nos vamos preparando, lo hace nuestro cuerpo, nuestra mente, el alma; el momento del parto es un punto de inflexión. Claudia dice que es como atravesar un túnel oscuro, la luz se ve a lo lejos, y al cruzar el umbral, ¿con qué te encuentras?

¿Qué hay alrededor de cada transformación?, ¿hay alguien que camina junto a ti? Una doula te acompaña en este viaje. A tu lado, haciendo de espejo o lago en el que reflejarte y por lo tanto verte y conocerte.

El gusano se convierte en mariposa con una sabiduría interna que le lleva a hacer lo que sabe que tiene que hacer. ¿Por qué las mujeres tenemos tantas dificultades para parir?, ¿las tenemos nosotras o es el personal sanitario que nos atiende (todo el sistema que sostiene (¿sostiene?) a la mujer) quien interfiere en el proceso perfecto y milagroso que es parir?

Insiste Gabriella en que las hormonas no pueden ir en contra de nuestros propios intereses. El cuerpo sabe. Y es cierto que a veces puede fallar esta sabiduría pero no somos nosotras las que fallamos. Falla la manera de mirar y entender el cuerpo de la mujer.

¿Qué necesita un bebé cuando nace? Hagamos esta pregunta a l@s niñ@s de nuestro alrededor. ¿Qué necesita una madre cuando nace?
Es urgente abrir la sensibilidad a estos procesos que nos conciernen a todos: la maternidad, la salud de la mujer, de la madre y de los seres humanos que nacen.

Si la Maternidad es Salud, ¿por qué hay tantas maternidades dolorosas?

Solamente tomando conciencia de las necesidades de una madre recién parida y su bebé (estar juntos y amarse) podremos hacer y deshacer para favorecer la vida, para cuidar la vida, para protegerla como algo delicado y hermoso, como el milagro que es.

Gracias a Claudia por el trabajo inmenso que hace con las mujeres.
Y gracias a mis compañeras doulas por el interés real en que las cosas sean mejor y por su amor al ponerse al servicio de las mujeres. Estoy aprendiendo muchísimo de todas nosotras.



Natalia Navarro
*La que cuida*
El precioso logo lo ha hecho MJ

miércoles, 11 de enero de 2017

Y la casa sin barrer




La casa patas arriba. Cebollas junto a mi hija mientras duerme la siesta. Sopas sanadoras cocinándose a fuego lento. Tomillo. La paz colgando de mi cuello.
Necesito escribir, soltar, soltar, sacudirme. Ir hacia lo verdaderamente importante. A lo esencial.

Tengo una hora libre al día. Quehaceres: limpiar, cocinar, escribir, leer, estar en silencio, cuidar mi cuerpo, descansar, bailar, cantar, etc. Obviamente no se estira tanto el tiempo para llegar a todo, aunque a veces suceden milagros. Cuando no es así, me aturullo y no sé por dónde empezar.

¿Me ducho o escribo?
¿Leo o hago la comida?
¿Hago hipopresivos o como?
¿Vivo o muero?

Criar con la dedicación que yo he decidido (junto a mi marido) requiere de una paciencia, amor y atención infinitas. Por una misma primero.
Si hago la comida (que para mí sería secundario) entonces no tengo tiempo para escucharme.
¡¡¡¿Cómo solucionamos esto, si yo lo que quiero es conocerme?!!!

Gracias a Mardía por ser tan inspiradora y hacer las cosas fáciles. Las que nos aturullamos más, podemos, al menos, inspirarnos en mujeres como ella que cosen y cantan.

En su libro 39 semanas y media, cuenta como sobrevive al día a día, a lo cotidiano, teniendo 2 hijos muy pequeños, embarazada del tercero, trabajando fuera de casa como profe de adolescentes y dando charlas y talleres.
El secreto, dice, es no neurotizarse.  Ser realista. Estar a lo que nos concierne y me decía el otro día cuando yo le contaba que algunos días me resultaban difíciles: lo mejor es centrarse en las cosas buenas. Cambiar pañales con amor te eleva el espíritu, algo así dice también. Me da risa al escribirlo pero creo que entiendo lo que quiere transmitir con esto último.

La crianza de un hijo puede ser el mejor camino espiritual si estamos atentas. Hablaré por mi: cuando dejo a un lado la queja (cansina) y miro a mi hija con atención y amor, se me abren ventanas. Puedo ver las maravillas que quiere mostrarme. Puedo captar su olor exquisito y su mirada pura y limpia. Puedo escuchar que me dice su cuerpo. Y entonces, mi cuerpo se relaja, se ablanda, se hace cobijo, puede recibir el mensaje de la vida.

Cuando dejo a un lado la queja, puedo maravillarme con las hojas bailándole al viento. El misterio que supone cocinar con amor para nutrir a mi familia. El ruido cesa y así todo está bien. No hay planes, ni preocupación en ese instante. La confianza inunda mis párpados. La belleza se derrite ante mi.

Bendita seas hija mía. Gracias por ofrecerme la oportunidad de ser mejor persona cada día.


Se me quema la sopa (me pasa tantas veces...)

Natalia Navarro
*la que cuida de la vida*



martes, 20 de diciembre de 2016

¿Qué es una doula?





¿Qué es una doula?




Doula es una mujer conocedora de los procesos (fisiológicos) femeninos que acompaña a otra mujer a transitarlos, desde la preconcepción, si se quiere, hasta el posparto y la crianza.

Es una mujer que conoce el cuerpo de mujer y su sexualidad, las emociones que la embargan, que puede ser madre o no (en mi opinión ser madre ayuda mucho) y que usa toda esta información para el bien de la mujer acompañada, sólo si ella la pide; una información siempre contrastada con la evidencia científica, de manera que las creencias personales quedan a un lado. La doula está junto a esta mujer, camina a su lado, a la escucha, atenta a sus necesidades, sensible a las señales que envía, expectante sin introducir inquietud, sino con una actitud de ecuanimidad. Tiene el don de crear un espacio de seguridad alrededor de la mujer. La doula acepta cualquier maternidad (eso sí, puede elegir qué maternidad no acompaña) sea parecida a la suya o totalmente opuesta.


La doula no ofrece un acompañamiento sanitario. Conoce bien cuál es su lugar y se diferencia de otros profesionales, colaborando en la medida de lo posible con ellos. No aconseja, ni juzga, no sana ni resuelve el conflicto interno que pueda vivir una mujer. No proyecta sus fantasías o frustraciones, ni sus propios deseos. Por tanto no interfiere, se dedica más bien a ser un nexo entre la mujer y el resto, buscando siempre su comodidad, velando por ella, arrojando luz en el camino de la mujer para que pueda elegir en función de lo que necesita y desea .

La doula es. Acompaña con lo que es. Entonces, ¿qué se necesita para este arte? Un profundo conocimiento de sí misma que le lleve a una limpieza interior, para ser lo más parecido a un lago de aguas cristalinas en las que la mujer puede reflejarse y descubrirse. Aguas que reflejan y sacan a la superficie aquellas preguntas, inquietudes, miedos, conflictos, joyas y tesoros que la mujer posee. La doula no importa, es la mujer acompañada la protagonista .


Parece una labor complicada y lo es, además de muy enriquecedora (intuyo) pues te quita de en medio todo el rato para dejar ser a otra mujer. Un trabajo artesanal el de la doula, combinando la admiración por la Mujer, por lo Femenino, con la capacidad para vincularse lo justo con esa mujer particular. Un vínculo muy estrecho dificultaría, incluso impediría el acompañamiento, sin embargo, considero que cierto vínculo sí es necesario. Y el amor, que se traduce en aceptación de la persona sea quien sea y decida lo que decida.


Por todo ello no basta con acompañar desde la teoría o ideológicamente. Hay que hacerlo desde otro lugar, desde el corazón y también con él en la mano cuando haya que mantener, por así decir, la cabeza fría y los pies en la tierra.


Natalia Navarro


*la que cuida*
Psicóloga y (doula en formación)