lunes, 5 de diciembre de 2016

Calor de hogar




Ya no puedo escapar. No puedo ya distraerme ni evadirme. Hay alguien que me reclama constantemente y me hace aterrizar, con lo que a mí me va el mundo de la imaginación...

Ya no vale el bol de arroz blanco y tira que va. ¿Dónde quedaron aquellas mañanas de cafés y lecturas tranquilas bajo los árboles?.

Mi cuerpo, en gran parte, se ha regenerado. No puedo demostrarlo científicamente ;-) pero me vivo más ligera y sana que nunca (aunque queden neurosis por resolver y se manifiesten de vez en cuando en mi cuerpo). Ya no me arrastra esa densidad que me llevaba a las cafeterías a leer mirando la lluvia o los pájaros, con la melancolía en mi cara grabada.

Y, ¿cómo es posible, si apenas duermo; si no puedo descansar y tengo el tiempo justo para hacer sólo lo que me concierne? Gracias Mardia. Es un misterio.

Quizá precisamente por eso, como cuenta Mardia en su libro 39 semanas y media-un embarazo sufí. Como toda la energía está enfocada y canalizada hacia algo que merece la pena, el cuidado de un ser humano, el cuerpo se sana. Y la mente. Y el alma. Pero sucede, al menos en mi caso, muy poco a poco.

A mí no me gusta cocinar, en contadas ocasiones me visita la inspiración y disfruto con ello. Eso sí, cuando lo he logrado, siento una gran satisfacción y amor por las pequeñas cosas. Y es que el calor de hogar es necesario para funcionar. Y yo deseo dar mi hija de ese calor. Y a mi marido. Sí, aunque esto no suene nada moderno y alguna mujer pueda escandalizarse al leerlo (yo misma hace no mucho tiempo) a mí ahora me gusta el hogar.

El hogar como microcosmos, con todo lo que ello implica. ¿Qué otra cosa existe si no es el hogar?, ¿dónde va a aprender mi hija a vivir si no es aquí?. ¿Qué mejor manera de aprender a relacionarme en el afuera que teniendo a un hombre amoroso a mi lado que me refleja mi luz y mi sombra? Desde el hogar y las cercanías de mi hogar, el parque, mi barrio, voy tejiendo poco a poco, junto a otras madres, aquello que necesitamos todos. Calor de hogar. Crianza acompañada.

El hogar es una bendición. Me doy cuenta cuando Rodrigo hace bizcochos o lasaña (porque yo no tengo aún la paciencia necesaria para ello y él se está descubriendo como un gran cocinero).

Estoy desvelando la importancia de dedicar tiempo al hogar. Siempre me pareció aburrido, lo importante estaba en el mundo, en el afuera, y dedicar ese tiempo era perderlo. Pero ahora, ahora estoy a gusto aquí dentro, mi hija me trae sus cuentos una y otra vez y me dice "mía, mía", que los mire y le diga cosas. Ahora me gusta mantener el orden y poner belleza en los rincones. Ahora me gusta mirar con ella como caen las últimas hojas de los árboles. Y no tengo tiempo para casi nada. Entonces descubro que no hay nada que tenga que hacer más importante que estar aquí y saborear el silencio de sus siestas y las risas y los llantos y el agotamiento extremo a veces, y las sopas calientes.

Calor de hogar. Realmente aprendemos a vivir cuando vivimos hasta el fondo y nos comprometemos.

Natalia Navarro *la que cuida*

2 comentarios:

  1. Lo comparto al completo..Desde hace unos inviernos y algunos otoños me descubrí haciendo hogar con mi otro corazón en nuestra casa con pocas ventanas, pero llena de luz.. Disfrutábamos de pequeñas gotas q sabían a felicidad y no necesitábamos nada más. Con la llegada de nuestro trocito de cielo, nuestro hogar se ha hecho grande cálido con sabor a primavera, crearlo junto a él, investir su espacio, nuestro espacio de familia, está siendo tan redondo tan brillante que cada día sin tiempo, solo para mirarle, sólo para reírme junto a él, hay un universo por descubrir y disfrutar en el adentro y en el afuera q tb es parte de nuestro hogar.

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  2. Gracias,Mar, por pasarte por aquí y dejar tus palabras.
    ¡¡Felicidades por ese Hogar que tan bonito describes!!

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¡Muchas gracias por tus palabras en mi blog!