lunes, 16 de enero de 2017

Parir y morir:reflexiones tras mi formación de doula

Amanda Greavette. Parto.


Parir y morir a lo que una es (o cree ser). Morir para dejar nacer. Morir antes de parir o después. Morir muchas veces. Y entonces sale el sol.

Yo morí, de alguna forma, cuando dejé mi ciudad y a mi familia para emprender el viaje hacia mí misma. Estaba muy ilusionada con esta aventura y a los pocos meses se me cayó el mundo encima. Estuve deprimida bastante tiempo, sin fuerza para la vida. Bendita depresión que me permitió contactar con mis partes más auténticas y profundidades silenciosas pero contundentes. De la mano de una gran terapeuta a la que siempre agradeceré su respeto y confianza. A pesar de que yo tantas veces le reprochaba que no me diese respuestas directas. Ella siempre me devolvía las preguntas y así fui contactando con mi parte sabia. Gracias Maribel.

Hace casi 17 meses se presentó otra vez la muerte. Dándole la mano a la vida que recién nacía. La Natalia hija, de alguna forma deja de ser para abrirse camino la madre que hay en mí y que se ha ido configurando en este tiempo. Mi identidad como madre más allá de mi madre real y de la fantaseada. Más allá de la madre social. En ello seguimos, cada día, como artesanas puliendo un valiosísimo tesoro.

Este fin de semana he tenido el cuarto seminario de mi formación de doula: el posparto. Nos ha guíado con su asombrosa templanza y sabiduría Gabriella Bianco.

¿Qué es el posparto?, ¿hasta cuándo dura?, ¿es lo mismo que el puerperio?

Empezamos el seminario recordando los momentos en nuestra vida en que hemos experimentado una transformación. Si no los ha habido antes, todas coincidimos en que la maternidad es uno de ellos. Con el embarazo nos vamos preparando, lo hace nuestro cuerpo, nuestra mente, el alma; el momento del parto es un punto de inflexión. Claudia dice que es como atravesar un túnel oscuro, la luz se ve a lo lejos, y al cruzar el umbral, ¿con qué te encuentras?

¿Qué hay alrededor de cada transformación?, ¿hay alguien que camina junto a ti? Una doula te acompaña en este viaje. A tu lado, haciendo de espejo o lago en el que reflejarte y por lo tanto verte y conocerte.

El gusano se convierte en mariposa con una sabiduría interna que le lleva a hacer lo que sabe que tiene que hacer. ¿Por qué las mujeres tenemos tantas dificultades para parir?, ¿las tenemos nosotras o es el personal sanitario que nos atiende (todo el sistema que sostiene (¿sostiene?) a la mujer) quien interfiere en el proceso perfecto y milagroso que es parir?

Insiste Gabriella en que las hormonas no pueden ir en contra de nuestros propios intereses. El cuerpo sabe. Y es cierto que a veces puede fallar esta sabiduría pero no somos nosotras las que fallamos. Falla la manera de mirar y entender el cuerpo de la mujer.

¿Qué necesita un bebé cuando nace? Hagamos esta pregunta a l@s niñ@s de nuestro alrededor. ¿Qué necesita una madre cuando nace?
Es urgente abrir la sensibilidad a estos procesos que nos conciernen a todos: la maternidad, la salud de la mujer, de la madre y de los seres humanos que nacen.

Si la Maternidad es Salud, ¿por qué hay tantas maternidades dolorosas?

Solamente tomando conciencia de las necesidades de una madre recién parida y su bebé (estar juntos y amarse) podremos hacer y deshacer para favorecer la vida, para cuidar la vida, para protegerla como algo delicado y hermoso, como el milagro que es.

Gracias a Claudia por el trabajo inmenso que hace con las mujeres.
Y gracias a mis compañeras doulas por el interés real en que las cosas sean mejor y por su amor al ponerse al servicio de las mujeres. Estoy aprendiendo muchísimo de todas nosotras.



Natalia Navarro
*La que cuida*
El precioso logo lo ha hecho MJ

miércoles, 11 de enero de 2017

Y la casa sin barrer




La casa patas arriba. Cebollas junto a mi hija mientras duerme la siesta. Sopas sanadoras cocinándose a fuego lento. Tomillo. La paz colgando de mi cuello.
Necesito escribir, soltar, soltar, sacudirme. Ir hacia lo verdaderamente importante. A lo esencial.

Tengo una hora libre al día. Quehaceres: limpiar, cocinar, escribir, leer, estar en silencio, cuidar mi cuerpo, descansar, bailar, cantar, etc. Obviamente no se estira tanto el tiempo para llegar a todo, aunque a veces suceden milagros. Cuando no es así, me aturullo y no sé por dónde empezar.

¿Me ducho o escribo?
¿Leo o hago la comida?
¿Hago hipopresivos o como?
¿Vivo o muero?

Criar con la dedicación que yo he decidido (junto a mi marido) requiere de una paciencia, amor y atención infinitas. Por una misma primero.
Si hago la comida (que para mí sería secundario) entonces no tengo tiempo para escucharme.
¡¡¡¿Cómo solucionamos esto, si yo lo que quiero es conocerme?!!!

Gracias a Mardía por ser tan inspiradora y hacer las cosas fáciles. Las que nos aturullamos más, podemos, al menos, inspirarnos en mujeres como ella que cosen y cantan.

En su libro 39 semanas y media, cuenta como sobrevive al día a día, a lo cotidiano, teniendo 2 hijos muy pequeños, embarazada del tercero, trabajando fuera de casa como profe de adolescentes y dando charlas y talleres.
El secreto, dice, es no neurotizarse.  Ser realista. Estar a lo que nos concierne y me decía el otro día cuando yo le contaba que algunos días me resultaban difíciles: lo mejor es centrarse en las cosas buenas. Cambiar pañales con amor te eleva el espíritu, algo así dice también. Me da risa al escribirlo pero creo que entiendo lo que quiere transmitir con esto último.

La crianza de un hijo puede ser el mejor camino espiritual si estamos atentas. Hablaré por mi: cuando dejo a un lado la queja (cansina) y miro a mi hija con atención y amor, se me abren ventanas. Puedo ver las maravillas que quiere mostrarme. Puedo captar su olor exquisito y su mirada pura y limpia. Puedo escuchar que me dice su cuerpo. Y entonces, mi cuerpo se relaja, se ablanda, se hace cobijo, puede recibir el mensaje de la vida.

Cuando dejo a un lado la queja, puedo maravillarme con las hojas bailándole al viento. El misterio que supone cocinar con amor para nutrir a mi familia. El ruido cesa y así todo está bien. No hay planes, ni preocupación en ese instante. La confianza inunda mis párpados. La belleza se derrite ante mi.

Bendita seas hija mía. Gracias por ofrecerme la oportunidad de ser mejor persona cada día.


Se me quema la sopa (me pasa tantas veces...)

Natalia Navarro
*la que cuida de la vida*